Hace algunos años, participé en un diplomado de gerencia que ofrecía Fenalco Santander, en convenio con la Universidad EAN. El primer día estábamos con mis compañeros en un salón muy cómodo y con temperatura perfecta esperando el inicio de la clase y, de pronto, entra el profesor (a quien no conocíamos) y dice algo como “Jueputa, esos santandereanos sí son muy bravos, mano”. Esta es una forma de hablar muy característica de la gente de mi tierra natal. Todos quedamos sorprendidos. El profesor, un bogotano total, de esos que son conocidos por su elegancia y finas maneras, logró así romper el hielo y captó toda nuestra atención. Después el profesor nos contó que estaba en la calle, paró un bus para venir a Fenalco y le preguntó al chofer si ese bus, o esa ruta, le servía. El chofer lo miró de arriba abajo y le contestó: “¡Yo qué hijueputas voy a saber, si no sé para dónde va usted!”.
Perfecta y brillante forma y ejemplo para explicar qué es la estrategia y cuál es su importancia. Es muy frecuente escuchar preguntas sobre cuál es el mejor software contable, de CRM, de automatización de mercadeo o cualquier otro tipo de software, o acerca de cuál es la mejor red social o medio publicitario. La respuesta es la misma: depende de lo que cada uno desea lograr, o sea, de su estrategia.
Ahora que has definido cuáles son tu propósito y tu fuente de motivación, y que ya tienes un modelo de negocio validado, es indispensable que dediquemos tiempo a definir también cuáles son tus metas a largo plazo, los objetivos a corto plazo que planteas para alcanzar cada meta y cuáles son los planes de acción para lograr cada objetivo.
El hecho de saber hacia dónde te diriges, o sea, tener un rumbo definido, te va a servir para enfocarte, tener prioridades claras y un orden establecido para poder medir tus avances. Es muy probable que, si tus metas no son claras, cambies de enfoque constantemente y termines perdiendo el norte, al igual que tu motivación. Si cuentas con un equipo de trabajo, es muy importante que les transmitas claridad en lo referente a lo que deseas conseguir, en la forma que planeas lograrlo y en lo que esperas de cada miembro del equipo como aporte para alcanzar tus propósitos.
Como les comentaba antes, mi infancia y juventud fueron muy cómodas. En aquella época, yo no pensaba en planes para mi vida futura, puesto que creía que todo se iba a ir dando de manera natural. Después de todo, eso era lo que me había pasado hasta ese momento. Lógicamente, es imposible saber cómo habría sido mi existencia si yo hubiera tenido un enfoque estratégico a una edad más temprana. Lo único cierto es que lo que he vivido me ha dado muchas lecciones que me han convertido en lo que soy actualmente.
A pesar de lo que pensaba en mi juventud, siempre tuve la certeza de que la pasión que sentíamos por lo que hacemos era clave. En buena medida, ver en mi papá, en mi mamá y en mi abuelo materno un compromiso tan grande con la empresa familiar, y con la familia como tal, me ayudó a entender con los años que eso no habría sido posible si ellos no creyeran en lo mismo. Yo llamo a esto una visión de futuro compartida, que claramente nació de mi papá, y él estaba tan convencido de eso que logró que mi mamá y mi abuelo la volvieran propia también. Finalmente, esa convicción los llevó a conformar un gran equipo.
De joven, yo creía que los resultados eran la clave de todo. De hecho, era tan simplista mi manera de ver la vida que pensaba que el único objetivo del trabajo era ganar plata. La verdad, no sé qué tan común sea esa forma de ver la vida, pero espero que no mucho porque pienso que eso hace que la vida no tenga mayor sentido. Este enfoque puede llevarnos a pensar y a creer que todo vale, que el fin justifica los medios.
Con el paso del tiempo, entendí que es más importante el proceso, disfrutarlo. Mi papá solía decir que la única obligación que tenemos como seres humanos es ser felices, sin hacer daño a nadie. Y sus palabras tienen mucho sentido. La primera vez que le escuché decir a alguien la palabra estoico fue a mi papá, haciendo referencia a uno de sus grandes amigos, que se llamaba Fernando Vásquez. Hoy, que algo entiendo del significado del estoicismo, comprendo la magnitud del halago y el nivel de admiración que mi papá sentía por su gran amigo. Fernando era tío de mi esposa, lo cual me hace pensar que mi papá se habría alegrado mucho de saber que Elsa Victoria se convirtió en mi esposa, mi mejor amiga y mi compañera de vida.
De joven, admiraba de mi papá y de mi mamá lo que habían conseguido, los resultados alcanzados. Con los años, aprendí a admirar lo que los mantuvo juntos, la capacidad de mi papá de convencer a mi mamá y a mi abuelo de lo que deseaba lograr, de su propósito. Y de mi mamá y mi abuelo admiraba el hecho de haber sido capaces de ver en la convicción y dedicación de mi papá el potencial que tenían como equipo. Y de todos ellos, la coherencia que implica haber durado toda la vida firmes en sus creencias y convicciones.
Así las cosas, tener metas, objetivos y planes de acción hace que cualquier esfuerzo valga la pena, que cada sacrificio o riesgo que asumamos nos acerque a lo que deseamos lograr en la vida. Es fundamental soñar y visualizar ese propósito, pues no solo no cuesta nada, sino que además nos permite fortalecer nuestras creencias y convicciones. Soñar es el comienzo de todo, que debe estar acompañado de un plan y de una ejecución.
Yo me pregunto lo siguiente: ¿qué porcentaje de la gente disfruta lo que hace? ¿Qué relación hay con que tengan o no metas? Recuerdo en el colegio a varios compañeros muy pilos y enfocados, en especial a Néstor Niño y a María Victoria Acosta. Ellos la tenían clarísima (seguramente siempre ha sido así): iban a clase a poner atención, y con toda la intención de aprender y aprovechar su tiempo y el de los profesores que nos estaban ayudando en el proceso de formación. Hoy en día, es claro que ellos disfrutaban lo que hacían, muy seguramente porque tenían un plan.
Yo, en cambio, veía el colegio básicamente como un requisito para ir a la universidad, como una obligación. Pensaba que el conocimiento que necesitaba para la vida lo iba a recibir en la universidad, no en el colegio. Lógicamente, aprendí muchas cosas en el colegio, pero sé que habría podido aprovechar mucho más la dedicación de mis profesores. Lo que sí me alegra es saber que desde hace ya algún tiempo tengo claras mis metas y me siento motivado trabajando para lograrlas.
Lo primordial es confiar en nosotros y creer en nuestro propósito, incluso cuando nos digan que es imposible. Independientemente del resultado, sabremos que lo intentamos y que hacemos lo que amamos. Además, en el proceso conseguimos pequeñas victorias y aprendemos a darles el valor que les corresponde. Esa coherencia me ayuda a sentirme bien y a querer ser una persona amable y, en lo posible, divertida. Falta ver si mi esposa siente que soy amable y divertido la mayor parte del tiempo…